Alvaro Barrios

Categories: Escritos sobre Álvaro Barrios

Por Graciela Kartoffel. Tomado de Art Nexus revista #72, marzo – mayo 2009

 

2007. Acrílico sobre lienzo. 117 cm. de diámetro.

“No quiero saber nada de arte”. 2007. Acrílico sobre lienzo. 117 cm de diámetro.

 

Una mirada inicial abarcadora a la obra reciente de Álvaro Barrios parece introducir al espectador a varios cinematógrafos que proyectan simultáneamente y a gigantescas visiones de cómics. La piel de las pinturas en acrílico sobre tela son superficies planas y sin accidente textural alguno. Los colores son variados, intensos, y aun los agrisados son luminosos. Las burbujas donde el artista pinta los textos actúan como anclajes irónicos y hasta sutilmente ingenuos. Formalmente, estas cartelas casi siempre en forma de burbuja, o bien rectangulares o en contornos zigzagueantes como de rayos, actúan como comas plásticas que encuadran y sostienen visual y conceptualmente cada obra. El texto escrito y su inserción apoyan la percepción sonora que evoca cada una de las pinturas de Álvaro Barrios. Son situaciones de ascendiente pop que retratan a personajes familiares de la escena sociocultural sigloveintiunesca, llámense Dolores del Río, Supermán, indígenas o cowboys.

 

Esta referencia a la exposición requiere un encuadre de otro orden. Barrios es un artista colombiano de significativo nivel intelectual quien conjuga dibujar desde su niñez con la reflexión conceptual profunda y con personales enfoques experimentales de los elementos con los que trabaja. Dicho de esta manera, puede oírse sencillo, sumatorio y menos significativo de lo que es. Analizaremos estas partes constitutivas: retrata diversos ídolos, o los menciona escrituralmente, si bien por encima de ellos manifiesta su irrevocable reverencia a Marcel Duchamp, y con él, al readymade. Se percibe el interés en la reflexión crítica que constituye su obra, Álvaro Barrios desmitifica los elementos, no toma ídolos ajenos sino que reestructura ciertas figuras de otras latitudes desde la mirada de un colombiano. De esta manera, no se trata de la importación de personajes ajenos a circunstancias latinoamericanas sino comprendidos desde la óptica local.

 

El esmero con que están concebidas y realizadas las pinturas otorga una singular tensión a la superficie y a cada escena, a las que torna a la vez lejanas y cercanas a una tira cómica, y a una pintura pop. En estas situaciones de doble vector puede instalarse una de las áreas que predominan en el camino de este autor: el trabajo amplio, puntual y variado de ejercer la comunicación. La era de la imagen y de la comunicación encuentran en Álvaro Barrios a un atento usuario provocador. No se apropia de las imágenes como tales sino que las sublima. Desde muy temprana edad supo gestionar una visión propia de los nuevos canales expresivos. Un ejemplo paradigmático es cuando Barrios realiza una serie de sus dibujos que se publican en un periódico, en 1974, y él comienza el ciclo que continúa activo: publicar uno de sus grabados o dibujos y dar cita al público para firmarle dicho trabajo como un original. Esto genera un ciclo específico de obras efímeras, de real acción en cuanto a que lleguen esas obras al acceso del público sin mayores recursos. El artista convoca de manera masiva a quienes tienen el periódico o la revista para que él firme su obra reproducida en estos medios. Este capítulo, que él denomina Grabados populares, son acciones que evocan también la idea de arte para el pueblo. Diferente de la labor del TGP-Taller de la Gráfica Popular en México, que se fundó bajo la estricta mirada de artistas de enfoque social.

 

Hacer obras de arte que tengan los rangos de legibilidad icónica de su época en las cuales él se mezcla anónima e invisiblemente con estos ídolos; en la proximidad del cuadro que pinta, Álvaro Barrios los acaricia y desmitifica. A través de ciertos procedimientos que se gestaron en el arte conceptual, el autor no alude a la tradición pictórica clásica sino a la realización de los medios gráficos como el offset, o sea, dejando de lado las pautas y herramientas de las artes visuales. Sin desmedro de esa pertenencia, también su estética es deconstructiva en el uso y desmontaje de la historia del arte. El juego subsiste. La llamada alta cultura y la cultura urbana popular (en cierta medida, mal denominada baja cultura porque no es producto de lo citadino popular ni intelectual) se ubican en un sube y baja, sin perder el aplomo. Durante mucho tiempo, el artista ha manifestado interés por la filosofía, la metafísica y el espiritismo; advertimos que pueden nutrir el pensamiento de Barrios, aunque no están directamente presentes en su obra. La esencia de su estética filtra estos y otros agentes que pudieran tentar al artista. Álvaro Barrios mantiene nítida la galería de personajes con el humor crítico como camino reflexivo para que el balance que acontece frente al espectador no sea agobiante.