¡Aunque ud. no lo crea! ¡Artistas mediocres que se volvieron extraordinarios!

Categories: Escritos por Álvaro Barrios

Por Alvaro Barrios. Tomado del catálogo de exposición, Galería Alonso Garcés. Bogotá, 2010

 

2010. Acrílico sobre lienzo, 100 x 140 cm.

“¡Aunque usted no lo crea! ¡Artistas mediocres que se volvieron extraordinarios! (Félix González-Torres)”. 2010. Acrílico sobre lienzo, 100 x 140 cm.

 

El interés en utilizar mi obra para reflexionar sobre el arte mismo se remonta a los comienzos de mi carrera. Como otros artistas que realizaron lo que entonces se denominó «arte acerca del arte», yo también sentí una gran atracción por emplear imágenes preexistentes en la cultura como apoyo para elaborar otros discursos en otros contextos. Perteneciente a la generación de los años sesenta, me correspondió vivir la crisis del modernismo y su colapso final, con la consecuente reestructuración de los valores y juicios que estuvieron vigentes hasta entonces, incluyendo sistemas como la crítica y la teoría del arte, así como el predominio de una «corriente principal» manejada por el mundo desarrollado. En ese período muchos artistas modernos de talante conservador se alinearon en una conducta tradicional, en la que también se apoyaron otros de mi misma generación. Como partícipe del cambiante tiempo presente, reorganicé mis ideas para hacerlas funcionar en él. De este modo me propuse forjar, desde la perspectiva de mi obra, una manera de formular otras lecturas a la crítica, la teoría y la historia del arte.

 

Ya que mi trabajo estuvo vinculado a la literatura y a los textos desde sus inicios, encontré para ellos, especialmente en los últimos años, el espacio adecuado para desarrollar explícitamente mis conjeturas acerca de la mutación del binomio arte/sociedad, sin olvidar ese otro, no menos importante, que se da entre realidad y fantasía. Esto me permitió tomar distancia en lo tocante a mi responsabilidad en los juicios que allí se emiten dejándolos en el limbo de la duda y la premonición. Así, en mis Sueños con Marcel Duchamp, un conjunto de licencias literarias son la base para sugerir una historia del arte no como ocurrió, sino como me hubiera gustado que sucediera. En El noticiero del siglo XX señalo aquellas obras que, desde mi punto de vista, alteraron el rumbo del arte. En la serie Esfinge de diamantes, una bola de cristal, con la forma de la calavera de Damien Hirst, tiene permiso para calificar y descalificar. Y en ¡Aunque Ud. no lo crea! (usando la imaginería de la historieta gráfica homónima, combinada con los superhombres del dibujante Tom of Finland y del mítico Charles Atlas) planteo, en una atmósfera aparentemente trivial, el insoluble misterio de la iluminación creativa, su precaria estabilidad o duración, «el ir y venir de las musas» a lo largo de muchas trayectorias artísticas. De hecho, ¿cómo llega la Luz a los artistas y cómo puede irse de nosotros indistintamente? ¿Somos los artistas seres autosuficientes, con capacidad de mantener un mismo nivel a lo largo de nuestras vidas? ¿Es el talento producto de una intervención espiritual o mágica que concede un don o lo retira?

 

Apelando al recurso de la alegoría —ya usado por mí en otras ocasiones— en este nuevo conjunto hago un paralelo entre el desarrollo de la belleza física y del talento artístico, en un intento por llegar a las raíces filosóficas del arte y la misteriosa presencia del mismo después de la aparición del fenómeno humano.