Grabados populares

Categories: Escritos por Álvaro Barrios

Por Álvaro barrios, 1997. Tomado del catálogo “Do it, hágalo usted mismo”. Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá

 

Primera serie de Grabados populares. Publicada por Diario del Caribe y El Heraldo, Barranquilla. 1972.

“Tres generaciones de buen café”. Primera serie de Grabados populares, intervenida con acuarela. Publicada por Diario del Caribe y El Heraldo, Barranquilla. 1972.

 

En 1972, una agencia publicitaria de Barranquilla me comisionó la elaboración de tres avisos publicitarios para tres periódicos de la ciudad, promocionando café colombiano.

 

Realicé los trabajos a lápiz, en la técnica que tradicionalmente uso para mis dibujos. Cuando se hicieron las primeras pruebas para la prensa, el resultado fue desastroso porque los dibujos aparecían en grises muy débiles y no tenían el contraste necesario para la técnica de aquel momento, en que la prensa no disponía de offset, ni del sistema computarizado actual. Debían hacerse clichés de dibujos originales. En el periódico me explicaron que tenía que exagerar los trazos de tal manera que hubiera un contraste bien marcado entre luz y sombra. Quedé muy sorprendido y preocupado porque los dibujos estaban muy distantes de lo que por lo general hago y temía que el resultado de la edición final del periódico también estuviera alterado, sin dar la idea del tipo de dibujo que había trabajado hasta ese momento. En la prensa salieron los anuncios publicitarios con el tono y la traducción exacta de lo que yo hacía en mis dibujos. La distancia técnica en la elaboración de estas piezas para la campaña publicitaria me hizo meditar unos días después sobre el paralelo que pudiera tener esta experiencia con la de los grabados tradicionales. Decidí dar una explicación pública a través de un amigo periodista, diciendo que esos tres anuncios publicitarios eran tres Grabados populares que serían firmados por mí gratuitamente a todos aquellos que los presentaran. Antes de bautizarlos con el nombre de «Grabados populares», tuve cierta duda con respecto al uso del término grabado, pero estuve meditando sobre muchos términos usados en el arte contemporáneo que no revisten estrictamente el sentido que originalmente tuvieron y se aplican por extensión a otras formas de expresión análogas o paralelas. Por ejemplo, la escultura es un término que de manera periódica parece ganar y perder vigencia alternativamente según el momento histórico que se viva y en el siglo XX, los movimientos y las experiencias artísticas han sido muy breves, si se los compara con los de la antigüedad. El Renacimiento, por ejemplo, duró unos trescientos años. Un movimiento que ahora dure diez años es un movimiento largo. Periódicamente se anuncia el fin de la pintura, nace de nuevo; el fin de la escultura, su nacimiento, etc. Pero en muchas exhibiciones de escultura existen objetos que no son propiamente esculturas y queda de ellas sólo el nombre original que se aplicaba a esta disciplina.

 

Decidí entonces que podía aplicar el término grabado, aunque no lo fuera de manera estricta, a mis publicaciones de dibujos a través de la prensa. Antes de la idea de los Grabados populares, ya había tenido discusiones con estudiantes de arte, con artistas, sobre si, por ejemplo la serigrafía, es un grabado o no. Los convencionales han sostenido que no lo es, que allí no se graba nada. Pero finalmente, en las bienales de grabado, que cada día son más numerosas, y en otros eventos, se ha ampliado la idea de grabado a otras formas de expresión múltiples que parecen darme la razón.

 

Después de estos tres avisos publicitarios que firmé como Grabados populares impresos a través de un periódico, fui invitado por el Centro de Arte y Comunicación de Buenos Aires para integrar un grupo de artistas latinoamericanos que participaban en la IX Bienal de Tokio, dedicada al grabado.

 

En 1974, tuve la primera experiencia en la que los dibujos fueron realizados especialmente para ser publicados en un periódico como Grabados populares. El periódico anunció en primera página, un día antes, la fecha, hora y lugar donde se firmaría el grabado, para las personas que lo quisieran presentar. Para asombro mío, hubo un gran público formado en su mayoría por estudiantes. A través de estos años de experiencia con los Grabados populares, muy pocos o casi ningún coleccionista tradicional ha solicitado la firma de uno de ellos. Sin embargo, han tenido el reconocimiento de instituciones o de eventos dedicados al grabado, lo que para mí constituyó una gran sorpresa. Aunque yo tomé muy en serio la idea, no pensé que tendría eco entre estudiantes, intelectuales e instituciones, y que en cambio fuera prácticamente un fracaso entre los clásicos compradores de arte. Esto último lo considero de cierta manera un éxito, porque la idea de los Grabados populares es cuestionar la presencia del grabado tradicional en el arte contemporáneo, la dirección que este fue tomando cuando en sus inicios tenía como misión popularizar el arte entre las personas que no tenían acceso a la pieza única. Pero los grandes artistas, en especial los internacionales, terminaron realizando grabados a precios muy altos, sobre todo cuando saben que en esas obras están plasmando un trabajo de gran importancia conceptual como es el caso de Yves Klein, quien vendió lo que él llamó «zonas de sensibilidad pictórica inmaterial», en una memorable exposición que denominó El vacío en la galería Iris Clero, a comienzos de los años sesenta. Él vendía estos fragmentos de nada a cambio de oro puro; no se le podía pagar con cheque, tarjeta de crédito o dinero en efectivo: Sólo recibía oro puro. Al preguntársele sobre esta curiosa exigencia, respondió que la más alta representación de lo espiritual (la nada) debía ser pagada con la más alta representación de lo material (el oro). Hubo coleccionistas que compraron fragmentos de nada con oro. Uno de ellos, cuando fue abordado por los periodistas, en un gesto histórico, afirmó que estaba pagando por una idea, la cual debía ser apoyada como lo hacen hoy las instituciones. Este buen ejemplo no ha sido seguido por la mayoría de los coleccionistas, que tienen entre sus propósitos atesorar objetos de arte. Precisamente, debido al alto costo de las obras de arte pop, se dio el fenómeno de su decadencia y el surgimiento del conceptualismo. En mi experiencia con los Grabados populares, llegué a la conclusión de que estos tienen un paralelo completamente disímil a los valores del grabado tradicional; en este último, la firma del artista es de una importancia capital, le confiere un valor económico; en los Grabados populares, la firma es gratuita, refrendando así la actitud de desdén del artista por este aspecto de la obra. En el grabado tradicional, la firma a lápiz es indispensable; en el popular, en ocasiones viene impresa y el artista escribe un texto sobre la página del periódico.

 

Hablo del artista como si me refiriera a otra persona, como si el Grabado popular fuera ya un género. Sólo en 1979 supe que, según el jurado de la I Trienal de Buenos Aires, yo había inventado el Grabado popular de este tipo; sin embargo, ni en ese momento, ni ahora, lo he considerado como un mérito especial. El arte es algo más que un invento; simplemente se trató de una investigación que debía conducir a algo y a través del tiempo dio resultados positivos. No hay unas normas particulares; en el Grabado popular estas se van creando a medida que, con la experiencia, se va enriqueciendo su concepto. Así, por ejemplo, en algunas oportunidades estos grabados fueron impresos en periódicos de otras ciudades diferentes de Barranquilla. Se publicaron en Buenos Aires, México, Caracas y en casi todas las ciudades de Colombia. Muchas personas los enviaron por correo. Y adjuntaron la estampilla para que fueran devueltos, inscribiéndose también dentro de lo que algunos han denominado «arte por correo». Cierta persona me envió unas fotocopias populares de un Grabado popular, puesto que tenía una sola página del periódico, para recibir la firma. Esta persona aportó una nueva idea a la que ya existía. En un barrio popular de Barranquilla, otro artista popular amplió un Grabado popular en la fachada de su casa, convirtiéndolo en un mural popular. Así, la experiencia fue enriqueciéndose con la participación del público.

 

En 1978, cuando inicié la investigación sobre Marcel Duchamp, se realizó en Barranquilla una exposición en honor suyo, son motivo de los diez años de su muerte. Hice publicar un Grabado popular que consistía en una fotografía de Duchamp acompañada de unas líneas horizontales en donde el público debía escribir sus sueños, reales o imaginarios. Así comenzó la serie Sueños con Marcel Duchamp. En este grabado, la firma venía impresa y el público terminaba la obra. En el Museo La Tertulia de Cali, se exhibió una serie de unos sesenta grabados con la participación del público.

 

Continuando con el paralelo de los dos tipos de grabado, en el grabado tradicional las tintas y los papeles son de buena calidad; en el popular, el papel periódico tiene una duración limitada, se oxida, pierde consistencia, etc. La obra, como lo pedía Duchamp en un comienzo, termina siendo un espejismo y lo que queda de ella es su belleza. En el grabado tradicional, se exige que la pieza permanezca lo más fiel a como era en un principio; la edición es limitada y las ediciones más altas de que yo tenga noticia son unos 300 ejemplares. En los Grabados populares, la edición es la misma de los periódicos. Tengo ediciones desde 5 mil hasta 240 mil ejemplares. Ciertas revistas, como la del Museo de Arte Moderno de México, fueron distribuidas con la firma, que envié en etiquetas autoadhesivas por correo. Este museo, al editar la revista, pegó la firma en cada ejemplar, de manera que el público podía recibirla por correo si estaba suscrito, o comprarla en la esquina, en el puesto de revistas, con la firma incluida. El grabado tradicional se mueve en un circuito cerrado de galerías, museos e instituciones, normalmente comerciales, pero el Grabado popular tiene un circuito abierto: prensa, periódicos, publicaciones múltiples; pueden ser encontrados en una esquina, recibidos por debajo de la puerta, los he visto como hojas volantes, personas con un paquete envuelto en un Grabado popular. Me interesó mucho jugar con la idea, hacer divertimentos intelectuales que sigan un paralelo con los grabados tradicionales. Así, por ejemplo, en las ediciones de los periódicos, ocasionalmente alguna se daña, se mancha, se descasa, o si falta tinta la página aparece muy blanca, etc.,todas estas piezas han sido de gran interés para mí como «pruebas de artista».

 

Normalmente, los estudiantes de arte aprecian esta experiencia desde el principio; yo, por mi parte, anuncio que la firma de los grabados es gratuita solamente hasta el último día del año en que fueron editados; de manera que los Grabados populares que sean realizados este año, en la prensa o cualquier otro medio masivo de comunicación tendrán un precio igual al de los grabados convencionales a partir del primero de enero del próximo año.