Los sueños de A lvaro Barrios

Categories: Escritos sobre Álvaro Barrios

Por María Mercedes Carranza. Tomado de Lecturas dominicales, El Tiempo, 7 de septiembre de 1980

 

1980. Fotografía iluminada a mano. (s.d.)

"Alvaro Barrios como Marcel Duchamp como Rrose Sélavy como L.H.O.O.Q.". 1980. Fotografía iluminada a mano. (sin dimensiones)

 

Muchos bogotanos aficionados al arte debieron sentirse escandalizados al recibir semanas atrás la tarjeta de invitación a la muestra más reciente de la obra de Álvaro Barrios en la Galería Garcés Velásquez. En ella figuraba una fotografía del artista, con bigotes y todo, vestido de mujer: sombrero alado con velo, pieles y anillos, en una provocativa pose de vampiresa de los años veinte. Sin embargo, una vez visitada la exposición pudieron comprender de qué se trataba: no era Barrios en trance de hacer una boutade, sino uno de los procedimientos que utilizó para recrear el mundo de Marcel Duchamp, tema de la muestra. Como se sabe, hacia 1920 apareció en París una nueva figura literaria: Rrose Sélavy, que escribió numerosos textos sobre arte en forma de axiomas o principios filosóficos. Más tarde se vino a saber que esta mujer era el propio Duchamp, quien incluso para ilustrar uno de los libros de Rrose se vistió de mujer y fue retratado por el fotógrafo Man Ray. Barrios presenta su propia versión de Rrose Sélavy con una serie de fotografías en blanco y negro iluminadas a color por él mismo. La obra no difiere en nada respecto a la de Man Ray, salvo tal vez en la intención. Duchamp, padre y abuelo de las más importantes tendencias del arte actual, fue con esta foto el precursor del llamado arte travesti; Barrios, por su parte, no se muestra interesado en realizar este tipo de arte y lo deja ver al hacer evidente que se trata de un hombre y no de un hombre que quiere pasar por una mujer. El efecto, no sobra anotarlo, es bastante chocante.

 

Pero esta es apenas una parte de su trabajo sobre la obra de Duchamp. Siguiendo su procedimiento habitual de hacer arte con base en otras obras de arte ya existentes (Rafael, Pollaiolo, Masaccio, Millet, son los artistas más notables sobre los que ha trabajado en este sentido), Barrios ha tomado ahora la obra de Duchamp, la que por cierto se presta mucho para esta clase de experimentos, dada su concepción del arte, según la cual una obra puede no quedar terminada cuando sale de manos del artista, pues el observador tiene la posibilidad de participar también en su ejecución. Por ejemplo, cuando El gran vidrio se astilló sin partirse en manos de la señora que lo había adquirido, Duchamp al saberlo afirmó que este era el toque que le faltaba para quedar terminado y así este accidente quedó incorporado a la obra por decisión del artista.

 

Pero ¿por qué Duchamp?, es la pregunta que primero se le ocurre al observador de esta serie de Barrios, pues la elección es bien curiosa si se tienen en cuenta algunas de las características más notables de sus trabajos anteriores: su gusto por el color detonante, por la anécdota, su morosidad en la forma, su predilección por los elementos decorativos: el anti-Duchamp aparentemente. Este encabeza, como es bien sabido, la rebelión contra el arte tradicional, que concibe la obra como un objeto estrictamente visual y propone una reflexión crítica sobre la imagen, el análisis y la descomposición del espacio y del movimiento. Duchamp es básicamente un intelectual y como tal prefiere pintar ideas a recrear imágenes. Tal vez el puente entre ambos esté en la irreverencia total ante las formas sacralizadas del arte, en el humor y en el interés por experimentar. Se trata, como lo reconoce el propio Barrios, de un acercamiento a Duchamp más de tipo conceptual que formal.

 

La prodigiosa imaginación de Barrios —si por imaginación se entiende, como lo anotaba Pedro Gómez Valderrama en un artículo reciente, la capacidad de encontrar nuevas relaciones entre hechos ya establecidos— es lo que le permite realizar este tipo de formas lúdicas en torno a la obra de Duchamp sin caer en el adocenamiento de la simple imitación. Con base en el origen verbal que caracteriza la creación de Duchamp, Barrios realiza una serie de 69 sueños, cada uno de los cuales tiene al lado de una foto de aquel una sucesión de líneas donde van escritos los sueños. Obviamente no son sueños fisiológicos, sino textos en los cuales Barrios elimina la lógica histórica, juega con las palabras, establece puentes inverosímiles entre un artista y otro: ciencia ficción basada en la lucidez poética del artista, en su capacidad de reinventar la historia gracias a su condición de visionario que le permite proponer nuevos esquemas de interpretación de la realidad que le interesa. ¿Por qué un cuadro de Andy Warhol no puede ir a visitar a un cuadro de Duchamp en una plaza veneciana y saludarse con él y cambiar impresiones sobre la ciudad, por ejemplo, o sobre los hallazgos artísticos de los cuales uno y otro son exponentes? La creación no consiste simplemente en reproducir esquemas con simples variaciones formales. Es necesario proponer nuevos mundos donde el tiempo, el espacio, la lógica y la forma configuren la visión de la realidad que el artista propone.

 

Aunque a Barrios no le interesa que lo tomen por escritor, resulta imposible pasar por alto su capacidad poética, presente en toda su obra, tanto en el manejo de los elementos formales como en el campo verbal.

 

A los sueños no les cabe ninguna clasificación formal desde el punto de vista literario: son poemas o minicuentos o simplemente textos como se dice ahora para salir del paso. Su carácter poético no les viene de un supuesto lirismo sino de la capacidad de Barrios para reducir a imágenes, y con el menor número posible de palabras, una serie de intuiciones y sugerencias de diversa índole, haciendo alarde de una gran imaginación, de humor y de un profundo conocimiento de la historia del arte. Veamos cualquiera de ellos: Soñé que el cuadro Ofrenda ajada de Paul Klee daba una gran fiesta de disfraces para los otros cuadros abstractos. La pintura Arco negro de Kandinsky se disfrazó de Pequeña soledad en el centro de los soles de Francis Picabia. Prismas eléctricos de Sonia Delaunay se disfrazó de Casa roja entre los árboles de Marcel Duchamp. Sin título de Mothrwell se disfrazó de Tengo algo de comer para ti en la cocina, querida —No tengo hambre, mamá! Por favor, lo que yo quiero es irme a mi cuarto de Lichtenstein.

 

La idea de Los sueños con Duchamp surgió a raíz de un homenaje que se le hizo en Barranquilla a los diez años de su muerte, en 1978. En él participaron varios artistas, entre ellos Barrios, quien publicó sobre este tema algunos de sus llamados Grabados populares en el suplemento del Diario del Caribe.

 

El gran vidrio de Duchamp es una de las obras de arte más notables de este siglo. Según lo anota Octavio Paz en su ensayo sobre el artista francés, el vidrio «continúa la tradición de la pintura de Occidente, interrumpida con la aparición de la burguesía, el mercado libre de obras de arte y el predominio del gusto». El pensamiento occidental se volvió crítico y dejó de ser metafísico. Paz se empeña en demostrar cómo esta obra de Duchamp es el regreso a la pintura de una Idea, pero no sólo eso, sino que es la pintura de la única Idea del mundo moderno: la crítica. Es entonces pintura de la Crítica, como Idea, pero también crítica de la pintura en el sentido de que es además una reflexión sobre el arte mismo de pintar. Se titula La novia desnudada por sus solteros.

 

El vidrio de Barrios, aunque es más pequeño que el de Duchamp, guarda las proporciones de este. Es también un vidrio doble, dividido horizontalmente por una delgada barra de plomo en dos partes iguales y está iluminado de tal manera que proyecta su sombra sobre la pared, sombra que a su vez es el sueño de Barrios sobre el vidrio de Duchamp: «Soñé que El gran vidrio de Marcel Duchamp era el espíritu guía de mi gran vidrio que venía de noche calladamente en la forma de una sombra. Cuando todos se iban, la sombra del gran vidrio de Marcel Duchamp conversaba con mi gran vidrio sobre cosas privadas y bellas que sólo ellos entendían».

 

El vidrio de Duchamp fue el fruto de sus reflexiones y trabajos de 11 años, ya que lo comenzó en 1912 y solo lo dio por definitivamente terminado, luego de innumerables bocetos y proyectos, en 1923. Barrios, por su parte, incorpora en el suyo elementos artísticos de sus distintas épocas, desde 1964 hasta 1980: una gran síntesis de su obra con la que intenta demostrar que su trabajo no consiste en superar etapas que se traduzcan en una simple coherencia visual, sino que la evolución es interior y que los elementos formales, cualquiera de los que ha usado, son adjetivos ya que los puede volver a utilizar en cualquier momento.